WHEN BRITAIN TOTTERS (crítica de ‘Amsterdam’ de McEwan). Por CARLES MONTAÑA

BY @CarlesMontana

When Britain totters fly to Amsterdam (cuando Gran Bretaña se tambalea vuela a Amsterdam) parece recomendar la novela de Ian McEwan que lleva por título el nombre de esa ciudad y que en 1998 ganó el Booker Prize. El funeral de Molly Lane, antigua fotógrafo de la edición francesa de Vogue, desencadena una trama prometedora ambientada entre el final y el principio de dos épocas, pero que no convence. Esto podría tener una explicación. El lector se encuentra ante una obra un tanto ahajada.

El libro con ojos actuales, quince años después de su publicación con las fosas sépticas de nuestra realidad a pleno sol y con los desgarros del capitalismo aún purulentos, se asemeja a un guiñol, a un burdo intento descriptivo. Sin embargo, se trata del preludio certero de la putrefacción moral, social y mediática a la que se someterían en los años venideros las bases del Imperio. Se vislumbra entre sus páginas el devenir de los futuros personajillos prepotentes, clasistas, excéntricos, brutales que plagarían con sus sórdidas y amorales performances las retinas de los telespectadores y lectores de prensa amarilla británicos. Los casos reales de la segunda guerra de Iraq, de ministros homosexuales adictos al sexo muertos por suicidio, de presentadores pederastas impunes ensalzados en vida, de tejemanejes bancarios de la City, de mujeres de presidentes del Parlamento desnudas en fotos subidas a Internet, de escándalos de escuchas mediáticas de los secuaces de Murdoch a príncipes, a adolescentes muertas en atentados terroristas y a ministros en esta obra de 1998 no son más que una semilla.

El pantano del hedor está por llegar anuncia McEwan. Gran Bretaña se tambalea de nuevo. Amsterdam es todavía una piscina llena –y no a rebosar- de micciones infantiles en la que flotan las excrecencias del curtido reportero y editor de The Judge Vernon Halliday, el compositor de la música del milenio Clive Linely y el ministro de Exteriores Julian Garmony. La muerte de Molly Lane provoca que esos personajes se tambaleen al borde del fracaso y del éxito. La fotógrafo es la eterna metáfora del huevito Humpty Dumpty. Humpty Dumpty sat on a Wall// Humpty Dumpty had a great fall//. Four-score Men and Four-score more,// Could not make Humpty Dumpty where he was before//.

Pero McEwan con su prosa se queda corto y lo que empezaba como una trama prometedora se desinfla en un extraño final precipitado y mal resuelto que recuerda a la obra del compositor Linely. Aunque quizás el hastío de este lodazal para PIGS haya inmunizado algunas neuronas ante tanta sordidez y resulte complicado para algunos ver la maestría de McEwan. Eso sí, aunque no sepan combinar los colores de sus camisas rosas y sus corbatas de estampado de leopardo con sus trajes príncipe de gales, los británicos siempre mantendrán su elegancia. Siempre nos recordarán con sus ademanes exquisitos y sus miradas adquiridas en Oxford o Cambridge o en cualquier barriada que ellos son así y que si no se quiere participar de su complejo universo se puede abandonar el paraíso por la puerta de servicio, siempre por la puerta de servicio.

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@rafarubio e @immaaguilar son los autores de El Breviario

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