STRIPTEASE LITERARIO DE IMMA AGUILAR

PROMISCUIDAD, PULSIONES QUÍMICAS Y SERENDIPIA. ESO ES LEER.

Por Imma Aguilar Nàcher

Soy una lectora promiscua, leo varios libros a la vez y soy infiel por naturaleza en esto. Abandono, tengo pasiones efímeras, comparto proximidades con varios libros al mismo tiempo. Leo por contrapeso: cuanto más seso se necesita para un libro, más frívola y ligera es la novela que lo compensa. Compagino tres y cuatro lecturas muy diferentes tomando cuidado de que la balanza de lo banal y la de lo intenso no se superen la una a la otra. A veces, sólo a veces, la dispersión me desconcentra, pero casi siempre me enriquece.

No perdono de ninguna manera la forma sólo porque el fondo sea relevante. No busco historias (sin hache), busco recostarme sobre heno y retozar entre las palabras exactas y alargadas. No hay economía aquí. Adoro las descripciones y me chirría mucho la acción. Como en el cine, en que también me pasa. Sin embargo, reconozco que empiezo a militar en la austeridad, vivo en el cambio de paradigma, en el tránsito entre lo excesivo y lo austero. Voy hacia allí.

La lectura es para mí como un termómetro de mi estado de ánimo, yo soy el contexto de lo que leo. Cuando lo hago, siento que eso que leo está en el centro del cosmos y yo soy un factor exógeno. Y , en ocasiones, me pone triste. Cuando leo aprendo, y eso me gratifica. Cuando leo me voy, y eso me cura.  Sé con certeza cuándo estoy inestable, o -por el contrario- centrada, por mis reacciones ante la lectura. Por mi forma de despistarme, de perder el hilo, de tener que volver a releer lo aparentemente leído pero realmente perdido e ignorado. También cuando llego a la estación de destino y me descubro en el tren, sola, leyendo y hay operarios de limpieza que me miran con dudas. Llevo más de 15 minutos sin reparar en que el tren está parado y los pasajeros hace rato ya que han salido de los vagones. Me encanta, entonces, salir corriendo, cargada y asustada por mi falta de control de las situaciones.

Sí, me gusta mucho leer en el tren. Viajar para leer.  Leo en situaciones muy variadas. En las esperas, en los viajes, en la cama, en un sillón de orejas, en la playa. No se necesita nada para leer. Sólo a él o a ella.

Lo que realmente he anclado del mundo físico del libro es la librería. Adoro las librerías, sobre todo aquellas preparadas para poder leer en ellas. Y me gusta mucho dejarme seducir por las portadas. Practico la serendipia y el flechazo combinado. Encuentro cuando no busco. Una palabra, un cuerpo de letra, un color, un diseño, una foto, un tamaño es suficiente para que se produzca en mí una pulsión química, cercana al enamoramiento repentino e inmotivado (Esto me ha pasado una sola vez con un hombre. Sólo un flechazo. El resto han sido amores trabajados)

No suelo dejarme aconsejar por nadie, mis influencias son muy variadas y no tengo método para escoger, decidir o leer. En los últimos años, he encontrado algunas medias naranjas en la lectura y gente que escribe como yo quisiera hacerlo. Me tienen para siempre. No me pidan escritores favoritos, ni géneros, si acaso mi inclinación suele ser mas bien con sellos editoriales. Me interesa más la persistencia de la mirada de un autor que el éxito reconocido de una obra.

Tengo una manía confesable. Sólo leo con fluidez literatura en castellano y en catalán y por eso estoy muy pendiente del hecho que de una traducción tiene una mirada intermediaria, que es el traductor a quién admiro tanto como detesto, por genial y por manipulador. Y me empeño en valorar la traducción durante el fluir de la lectura. Durante años sólo leía literatura en la lengua original, es decir, de autores en español. Reconozco que, pese a lo reduccionista de mi mirada, fue una época riquísima en mi vida en la que leí a todos los latinoamericanos buenos y me hice realista mágica. Sólo hay un autor cuyas traducciones me merecen un plus de interés más allá de la lectura de cada una de las obras maestras que son sus novelas: José Saramago. Su traductora es Pilar del Río, la mujer que más le amó. Eso es garantía de una buena traducción. Traducir es como amar.

Leer es como amar. Es entrega, es elección, es pasión, es ceguera, es experiencia, es felicidad, es vivir.

Nota: escribir de leer es como escribir de escribir, pero este último es tema de otro texto, de otro striptease…

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About El Breviario

@rafarubio e @immaaguilar son los autores de El Breviario

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