STRIPTEASE LITERARIO DE MARIAN ALCÁZAR

Por Marian Alcázar

“Abrir un libro es descubrir un nuevo tesoro cada vez”. (Walt Disney)

Me encanta que me cuenten historias, imagino que cuando dejaron de contármelas empecé a buscarlas en los libros, por eso no recuerdo mi vida sin un libro.

Soy capaz de leer en cualquier sitio porque mi grado de concentración es como el de los niños viendo la tele, totalmente abducidos y aislados del mundo que les rodea. No me gusta leer en el baño, igual es porque lo asocio a las noches en que me encerraba en el baño de la habitación del hospital para que la luz no le molestase, mientras mi madre iba perdiendo la vida al otro lado. Eso sí, siempre de uno en uno. Aunque soy un poco “obsesiva compulsiva”, sobre todo cuando la historia me engancha, siento cierta ansiedad de saber que pasa a continuación y como acabará la historia, y soy capaz de quedarme leyendo hasta las 6 am (cuando tengo que levantarme a las 7 para ir a trabajar), por leer un poco más, a ver qué pasa ahora, a ver si lo acabo. Luego me arrepiento, claro, cuando me muero de sueño,… pero lo vuelvo a hacer, no tengo remedio… y si no lo he acabado, me paso todo el día pensando en el momento de llegar a casa para seguir leyendo. Con la edad, a veces me quedo dormida viendo alguna película, pero nunca me vence el sueño cuando leo.

Empecé como la mayoría, con los tebeos  de Mortadelo y Filemón, Zipi y Zape, Carpanta, (algún Capitán Trueno y El Jabato -de mi hermano-, aunque estos no me engancharon), y  las historias de Los Cinco aunque, no sé por qué, no he conseguido que mis hijos las lean ahora); Los Hollister, Puck, Esther y su mundo, la Colección Historias Selección, alguno de Julio Verne y, por supuesto, Mafalda (leída y releída hasta la actualidad).

Con una progresión, más o menos estándar de la época, llegué en la adolescencia a “La vida sale al encuentro” de Jose Luis Martin Vigil y con Agatha Christie (me encantan las historias de misterio e intriga, que no de miedo!) y seguí con Mark Twain, Charles Dickens, Edgar Allan Poe, Oscar Wilde, Thomas Mann, Delibes, Baroja, Galdós, Cela, Niebla, de Miguel de Unamuno, Neruda y “Rimas y Leyendas” de Gustavo Adolfo Bécquer (releído en esa época, de la poca poesía que he leído), algo de Shakespeare y alguna que otra obra teatral porque me encanta el teatro. Michael Ende, verdaderas carcajadas con Wilt de Tom Sharpe, Gabriel García Márquez: Cien Años de Soledad y El Amor en los Tiempos del Cólera, (que “pedazos” de historias, también releídas alguna que otra vez), Mario Vargas Llosa, Isabel Allende (casi todos), Almudena Grandes, y tantos otros (seguro que me dejo alguno importante) que me hicieron pasar tan buenos momentos.

En general, sobre lectura, me dejo aconsejar por cualquiera y soy capaz de leer casi “cualquier” cosa, siempre tengo una lista abierta de libros pendientes de leer, pero me he dedicado mucho a los Top Ventas y Best Sellers (no sé si quedó clara la definición de qué es un Best Seller en la reunión anterior) y, durante una etapa, a los ganadores y finalistas de los Premios Planeta (creo que he leído casi todos entre el periodo 1986-2000). Luego dejé de leerlos. Buceando entre los primeros, he disfrutado mucho con Katherine Neville, me encantó El Ocho, aunque me defraudó un poco el final. Creo que cuando el libro es muy bueno, es difícil conseguir también un buen final. Pero igual es la pena que me da que se acabe. En cambio, a veces, libros más mediocres tienen un gran final. Dan Brown (me quedo sólo con el Código Da Vinci), Zafón (también me quedo sólo con La Sombra del Viento), Ken Follet (es cierto que ya aprovecha mucho el tirón), Frederick Forsyth, El Tiempo entre Costuras de Maria Dueñas, La tabla esmeralda de Carla Montero, Palmeras en la Nieve de Luz Gabás, y qué lagrimones, madre mía! leyendo Cometas en el Cielo y Mil Soles espléndidos de Khaled Hosseini . Tenía que parar porque se me nublaba la vista, pero qué bien se queda uno después de una buena llorera.

Como lo que más me gusta es leer historias, mi lectura por excelencia es la novela, me apasiona la novela!, narrativa de aventuras en general y la novela histórica, en particular, ambientada en cualquier época y lugar, porque es una experiencia parecida a viajar, que te ayuda a conocer la cultura y las costumbres de otras gentes, de otros pueblos. Qué buenos ratos leyendo las novelas de Christian Jacq ambientadas en Egipto, León el Africano, de Amin Maalouf, La Judía de Toledo, de Lion Feuchtwanger, El Médico y Chamán de Noah Gordon (releídos ambos), Los Pilares de la Tierra, de Ken Follet, La Biblia de Barro, de Julia Navarro, El último Catón, de Matilde Asensi, Astur y La Visigoda, de Isabel San Sebastián, etc.

Y como esto no sería un desnudo literario completo/sincero, tengo que confesar también mi afición por la novela romántica (ya lo he dicho!). Orgullo y Prejuicio, de Jane Austen (tantas veces releída en mi juventud, ésta también en inglés por lo de practicar un poco el idioma ya que me la sabía de memoria), Melody Thomas, Laura Kinsale, Barbara Wood, Lisa Kleypas y Nora Roberts, entre mis favoritas.

Aunque no he leído muchos, también me han ayudado algunos de “autoayuda”. Dejé de fumar el día que leí  “Es fácil dejar de fumar, si sabes cómo” de Allen Carr y dejé de tener continuos dolores de espalda cuando descubrí a John E. Sarno (“Libérese del dolor de espalda” y “La mente dividida”) y me gusta ojear libros de cocina porque me gusta cocinar y probar recetas nuevas y, cuando viajo (estos últimos años, con los niños, bastante menos de lo que me hubiese gustado), siempre procuro leer con antelación guías y libros sobre el destino en cuestión.

Asignatura pendiente: El Quijote. En su día, para el trabajo del instituto hice trampas -de las pocas que he hecho en mi vida educativa- y me leí un resumen. Lo sé, un sobresaliente poco merecido…

Me sigue gustando de vez en cuando coger un libro en papel y recordar ese tipo de lectura, porque echo de menos subrayar frases que me gustan, pero reconozco que el Kindle me ha dado una movilidad insuperable y casi siempre va en el bolso.

No recuerdo a “Vainica Doble”, pero estoy de acuerdo con ellas, “Todo, todo, todo está en los libros”.

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@rafarubio e @immaaguilar son los autores de El Breviario

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