STRIPTEASE LITERARIO DE AGUSTÍN BAEZA

QUÉ VIDA MÁS LIGERA CUANDO NO LLEVAS EQUIPAJE

Por Agustín Baeza

Hacer un relato de tus lecturas imprescindibles es el desnudo más integral que uno pueda llegar a hacer jamás. Descubrir tus fuentes ocultas, tus principios más escondidos, las frases sobre las que te has construido como ser humano, no es sólo un ejercicio impúdico de nudismo, es una suerte de exhibicionismo moral y ético. Es también una oportunidad para mostrarte tal y como eres. Aquí no hay trampa ni cartón. Vamos a ver hasta dónde decidimos mostrar.

A diferencia de algunos compañeros de Club no soy nada erudito. Soy un lector alocado, inconstante, desmedido a veces, holgazán por momentos, siempre expectante ante una buena historia, una frase para tatuármela en el alma o un personaje que me permita deslizarme, con o sin su permiso, en su vida.

La lectura como placer y también como tortura. Siempre que acabo un libro sufro lo que llamo “nostalgia del porvenir”. De un porvenir que no es el mío, que es el de cualquier protagonista fortuito, caído y atrapado en mis redes de lectura, y que me provoca el vacío cuando observo impotente cómo nuestros senderos biográficos se alejan. Una suerte de infantilismo literario que me empuja a querer vivir centenares de vidas leídas y deseadas, y provoca durante días estados de ausencia en mitad de mis quehaceres cotidianos.

Lectura y Viaje. Una pareja inseparable. Me gusta leer mientras viajo y voy mirando cómo el paisaje va quedando atrás. Leer para mí es sinónimo de viajar. Viajar ha sido y es mi gran pasión. Y sin duda mis primeros viajes fueron a través de los libros. Para un muchacho que pasó su infancia y adolescencia a caballo entre los 70 y los 80, la Televisión debería haber sido también una gran fuente de inspiración, pero prefería sumergirme en las páginas de un tebeo o de los primeros libros para explorar nuevos territorios.Para un chico de un barrio obrero donde no había mucho más que la calle, dura y siniestra, y jugar al fútbol o hacer pillerías de otro tipo, los tebeos fueron la primera forma de salir de aquella realidad tan gris. Desde Zipi y Zape hasta Mortadelo y Filemón. Desde la Rue del Percebe hasta los tebeos de superhéroes.

Sin embargo, creo mi vida real comenzó con la lectura de La Isla del Tesoro de Stevenson. La leí algo así como 50 veces. Llegó un momento en que sabía declinarla de memoria. Y la botella de ron del capitán John Silver se convirtió así en mi primer momento de embriaguez del que tengo conciencia. Siguieron Dos años de vacaciones de Julio Verne (quería perderme en una isla desierta con aquellos chicos que se iban de vacaciones en un crucero por dos meses), Viaje al Centro de la Tierra (una vez me metí en una cueva buscando un sendero que me condujese allí) y La Vuelta al Mundo en 80 días (desde ese día supe que me encantaría volar).

Los clásicos siempre me costaron, pero creo que era más por hacerme el cascarrabias y desobedecer a los profesores que nos obligaban a leer libros que no eran tebeos, que por pereza intelectual. Sin embargo, hubo dos momentos mágicos que cambiaron mi visión de ellos: La lectura de las novelas de Dickens (Almacén de antigüedades y Oliver Twist) que hicieron nacer en mí la rebeldía ante las injusticias que daría todo un sentido a mi vida posterior, y los textos de Homero (La Odisea y la Ilíada) que me convencieron de que las epopeyas, los héroes y las aventuras ya existían y eran relatadas también dos milenios atrás por esos griegos que yo consideraba tan terriblemente aburridos y tristes en sus bustos blanquecinos y sepias que aparecían en las fotos de los libros de texto de Historia.

He leído mucho ensayo sobre economía, sociología, historia y política. Y sobre geografía. No sé si incluir aquí a los Atlas, pero puedo decir que fueron mi lectura preferida por un tiempo. Debí aprender a leer pronunciando Reykyavik o Fujiyama. Y el mundo de la infografía, aunque vetusta, ya ejercía su influencia en mi forma de adquirir conocimiento. A los 8 años me dicen que conocía todos los países, capitales, montañas, ríos, selvas y demás accidentes geográficos de los 5 continentes. Luego supe que querría haber pertenecido a la Royal Geographical Society en el siglo XIX y me hubiese gustado haber escrito en 1973 la primera Guía de Lonely Planet: A través de Asia con gastos mínimos.

El ensayo siempre lo he visto como una suerte de literatura de la realidad, y a veces pareciera que un teorema o una ideología se cuela en tu biografía como si fuese un elemento vivo que da color, olor y sentido a una parte de tu existencia. Mi manera de mirar el entorno está directamente influenciada por esas visiones como no podía ser de otra manera para un poseconomista y transpolítico que ve la realidad como un territorio de acción. Sé que va contracorriente pero recomiendo vivamente la lectura o relectura de El Capital de Marx, y no, no me salgan al paso con el estalinismo, porque para cualquier marxista que se precie el marxismo como ideología aplicada a la realidad está literalmente inédito. Y por supuesto cualquier novela, ensayo, biografía o texto del sublime Stefan Zweig. Momentos estelares de la Humanidad debería ser lectura obligada para cualquiera que quiera tener en unas breves páginas una descripción emocionante de personajes, lugares y acontecimientos de nuestra Historia universal.

Javier Marías, a quien no soporto como persona, pero que me parece el mejor escritor español de la segunda mitad del siglo XX, me dejó atónito con su “Negra Espalda del Tiempo” y la excepcional trilogía Tu Rostro Mañana. Como pequeña joya no muy conocida, hace doce años me impactó una historia de amor nada convencional como Melalcor de Flavia Company.

Pero si por algo me decanto es, sin duda, por la literatura de viajes. Ya expliqué antes que viaje y literatura para mí son la misma cosa, y si Julio Verne fue el primer autor que me hizo aventurarme en otros mundos, no puedo dejar de citar aquí al maravilloso Javier Reverte con su Trilogía de Centroamérica o sus viajes por Africa que dieron lugar a Trilogía de Africa, pasando por el tortuoso Río de la Desolación y sin olvidar el refrescante El Río de la Luz.

Gracias a Reverte conocí las aventuras y escritos de Stanley, Livingstone, Speke, Burton y tantos otros exploradores. Cuando fui a África entendí todas sus descripciones. África atrapa no sólo por sus paisajes, por sus gentes y por su fauna imposible y desaparecida en otros continentes. África a mí me fascina por su olor -dicen que adictivo- de tal forma que una vez probado te hace volver y querer morir allí como un viejo elefante buscando a sus antepasados. Los exploradores del XIX bien lo sabían. Preferían ser enterrados a los pies de una acacia o un baobab antes que en una abadía o un mausoleo para ilustres en un triste cementerio británico.

América siempre fue una obsesión y mis viajes por sus territorios estuvieron precedidos por las lecturas. Cuando uno está solo en una canoa india en medio de la inmensidad de la cuenca amazónica no puede dejar de pensar en cómo narices sobrevivieron allí los exploradores y conquistadores. Siempre me sentí fascinado por las tribus indígenas y de hecho, de pequeño iba siempre con los indios. Me alegraba leer cuando un grupo de comanches o apaches chiricahuas atacaba y diezmaba un destacamento del ejército yanqui, o cuando los aztecas, mayas, guaraníes, incas o patagones acababan a base de flechas envenenadas y tácticas de guerrillas con los invasores enfundados en sus armaduras. Sí, me hubiera gustado otro final para todos ellos. Me he leído muchas de las Crónicas de Indias, pero si tengo que elegir me quedo con la extraordinaria odisea que vivió durante 6 años Alvar Núñez Cabeza de Vaca, quien pasó de ser conquistador a jefe de curanderos de las tribus en lo que hoy es el Sureste de Estados Unidos y el nordeste de México. Escribió un libro llamado Naufragios que es espectacular, y fue de los pocos exploradores que acabaron comprendiendo, colaborando y defendiendo a las primeras y legítimas sociedades americanas.

A través de grandes escritores latinoamericanos tuve mis primeros contactos con América. Con García Márquez y su El Coronel no tiene quien le escriba no sólo se entiende el realismo mágico, sino que se recuerda inmediatamente al aterrizar en una ciudad colombiana. Con Borges y su poemario Fervor de Buenos Aires uno aprende a hablar como un argentino y no te acabas de sentir extraño cuando conversas con un porteño en el café Tortoni. Sólo consigues entender la belleza natural de los versos de Benedetti cuando paseas por la vetusta Montevideo. Con Carlos Fuentes aprendí a platicar con los viejos criollos leyendo Gringo Viejo y con Xavier Velasco a través de Diablo Guardián con una nueva generación extremista y radical en el inabarcable DF. Y de todos ellos y otros más aprendí nociones básicas de la política latinoamericana.

En Brooklyn estuve un día entero deseando tropezarme con Paul Auster, quien describe mejor que nadie el espíritu y la vida de la Gran Manzana y de los newyorkers en novelas como The Book of Illusions o Brooklyn Follies. En Pyatigorsk, una ciudad perdida del Cáucaso Ruso aprendiendo el idioma de Dostoyevsky descubrí a un gran poeta romántico ruso como fue Lermontov. En Praga me empeñé en encontrar el rastro, incomprensiblemente inexistente al menos hace 20 años, de Kafka el autor de La Metamorfosis y responsable de que adore a los insectos. En Brno tampoco había dato alguno que hiciese pensar que allí nació Milan Kundera que me dejó atónito con La Insoportable Levedad del Ser y con La Lentitud.

Antes de finalizar no puedo dejar de nombrar a Jack London. El autor de la conocida novela Colmillo Blanco fue marino, vagabundo, pescador, obrero industrial, ganadero e incluso “socialista estadounidense”. Dicen que se suicidó después de escribir El Vagabundo de las Estrellas, el texto más emocionante que recuerdo haber leído. Aunque es probable que esta última opinión esté sesgada y condicionada por mi permanente deseo de comenzar un viaje iniciático que ya se está retrasando más de lo debido.

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@rafarubio e @immaaguilar son los autores de El Breviario

One response to “STRIPTEASE LITERARIO DE AGUSTÍN BAEZA”

  1. proyecto edificacion residencial alicante says :

    No habia vuelto a leer tu sitio web por un tiempo, porque me pareció que era denso, pero los últimos articulos son de buena calidad, así que supongo que voy a añadirte a mi lista de sitios web cotidiana. Te lo mereces amigo. 🙂

    Saludos

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