STRIPTEASE LITERARIO DE ASESOR POLÍTICO

Volver a Ítaca

Por @asesorpolitico

homero Odisea

Pensar en la lectura es pensar en una incombustible pulsión amorosa, es recordar y volver a sentir el primer amor y los que llegaron después.

Desde los 6 años me enamoré de la lectura para siempre, desde entonces no puedo dormir sino leo antes una estrofa o una párrafo que me seduzca y apacigüe los demonios cotidianos.

Mi primer amor literario fue La Odisea de Homero, aún atesoro el pequeño volumen editado por Aguilar, impreso en hojas de papel arroz. Con él llegaron las primeras nociones de la divinidad, de las dificultades de la vida, del amor incondicional y, asociado a él, la idea que quedó alojada para siempre en mí como misión vital: desafiar todas las dificultades para volver a Ítaca.

Desde entonces los libros son mi paisaje cotidiano, la llave que me descubre misterios, el inacabable generador de dudas y complicidades, el único alimento que nunca puede faltar.

Más que un hábito la lectura se torno una pasión obsesiva y permanentemente insatisfecha. Cada nuevo libro abre nuevos deseos y apetitos por descubrir.

Mi primera regla en la lectura, es un cliché: no hay reglas, aunque el principio que cumplo escrupulosamente es nunca leer por obligación, y disfrutar con frecuencia del placer incomparable de llegar al libro necesario en el momento oportuno. Esta coincidencia repetida felizmente me permitió comprender en qué consiste la epifanía.

Como en todos los amores, la atracción surge de la vista, de la seductora promesa de un título o de una portada, o de la lectura al azar de una línea.

Es por azar he llegado a los amores más grandes y es un descubrimiento sentir cómo se inflama uno de deseo, ignorando, como en el amor, los nombres, la opinión de los demás y las apariencias. No importa el autor, importa la conmoción interna que provoca.

Estos amores se sienten, no se trata sólo del acto mecánico de leer, se trata de provocar un efecto; si no se logra, es decir: si no me atrapan, si no me enamoran, si no me desvelan, entonces irremediablemente abandono. La pasión en la lectura, como en el amor, es algo difícil de explicar, así que en este proceso a veces se ignora a la preciosa famosa y, en cambio, se persigue con deleite a la bella desconocida. Tal vez sea un sacrilegio imperdonable, pero debo confesar que así me ha pasado con autores populares que no despertaron en mí ninguna emoción, a diferencia de otras plumas, totalmente ignoradas que me flecharon de manera inexplicable.

En el diálogo con otros, aprendí que es difícil pero indispensable separar pulsiones y prejuicios políticos de los gustos y juicios literarios, por ello puedo adorar la obra de alguien que me resulta aborrecible en sus opiniones políticas, o puedo reconocer el valor político o sentir simpatía por alguien, que como escritor no percibo intrascendente.

Es un hecho que en la lectura también hay pasión irrefrenable, rencores, desengaños, romances fugaces y clandestinos. En esta pasión subsisten prácticas socialmente censurables y  debo reconocer que en mis relaciones literarias no soy monógamo, práctico con descarada alegría y regularidad una sana promiscuidad de autores, temas y géneros que abren horizontes y disipan leves pesares y dudas. Pero también debo puntualizar  que hay obras celosas que reclaman absoluta y exclusiva atención por largos periodos.

Hay amores definitivos, grabados a fuego en la memoria y a los que vuelvo con frecuencia para recuperar los sentimientos y emociones que despertaron en su momento; así como hay otros que fueron únicos de una sola vez, esos que uno debe dejar ir sin volver la vista atrás para no sufrir el tormento de Orfeo.

Entre estos amores definitivos a los que se suman ocasionalmente nuevos amores, sin duda alguna de la poesía soy tributario voluntario. Siempre es la poesía sencilla, sin maquillaje y genuina, la poesía que calienta la sangre, que embruja, que desnuda, que estruja, que toca en lo más sensible y profundo.
La revelación es evidente: esta poesía que se ama, es como la mujer que se ama. Y un hecho irrefutable es que las mujeres que escriben, son las más grandes seductoras
Hay libros que sólo alcancé a besar brevemente y libros que jamás leeré, una omisión que siempre lamentaré.

Como siempre, permanece en la memoria la primera vez…

El primer libro…

La primera poesía…

La primera novela…

Los primeros versos enamorado…

Los primeros textos en desamor…

El primer libro electrónico…

Nunca hay un último libro, siempre está el próximo libro, así como se busca el amor.

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About El Breviario

@rafarubio e @immaaguilar son los autores de El Breviario

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